La Necesidad de Bancos Cooperativos

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Manuel Bello Nuñez, presidente Cooperativas A.G

Recientemente, la subsecretaria de Economía Katia Trusich, se ha referido de manera pública acerca del necesario apoyo al cooperativismo, en su rol clave para la economía. Y para esto, señala como prioritario que “las cooperativas tengan igualdad de acceso a los instrumentos de fomento y, por otra, que los instrumentos de fomento respondan a sus particularidades”.

Por su parte, las cooperativas en Chile se encuentran muy atrasadas con respecto a otras latitudes del mundo, no por mal manejo interno, sino por las condiciones externas que no les han permitido avanzar. En nuestro mercado, las cooperativas no gozan de las garantías y ventajas que si tiene las empresas privadas, por ejemplo, para formar bancos cooperativos. Si bien están las estructuras, como Bansur, Coopeuch, y otras cooperativas de ahorro y crédito, la legislación actual pone duras trabas, lo que repercute en mayores alzas en la tasa de interés para sus asociados. Si existieran bancos cooperativistas, las pymes, las cooperativas y sus socios tendrían el mismo acceso al financiamiento que tienen hoy los bancos privados, que están en manos de muy pocas personas.

El modelo cooperativo aplicado a la banca es un éxito en muchas partes del mundo, exceptuando nuestro país. Uno de los mejores casos es Rabobank, líder mundial como proveedor de servicios financieros con presencia en más de 35 países (entre ellos Chile); atendiendo a más de 9 millones de clientes minoristas y mayoristas en todo el mundo, y conformado por 153 cooperativas locales en los Países Bajos (Holanda). Así también, existen numerosos ejemplos destacados de bancos en todo el orbe, que se estructuran bajo el modelo cooperativo para alcanzar el éxito.

En Chile, la Iglesia Católica ayudó al nacimiento y primeros pasos del cooperativismo, en particular el de ahorro y crédito. Con esto, la Iglesia buscaba atenuar los problemas económicos de los más necesitados, organizándose de manera tal que los interesados fueron formando sus propios capitales para favorecer con préstamos fáciles a quienes más lo necesitaban, formando así los primeros “bancos” para los pobres (Cooperativas de Ahorro y Crédito).

Hoy, es necesario, (de una manera profesional, apoyándose en las cooperativas existentes, y promoviendo un real apoyo tanto gubernamental como legislativo), entregar el derecho a las pequeñas cooperativas de ahorro y crédito de ser bancos, mediante un entorno favorable para el nacimiento de bancos cooperativos. Este derecho inalienable de igualdad frente a las empresas privadas, favorecerá a toda la población nacional, que se beneficiaran de una economía sustentable, de alta distribución, regionalista y local.

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